jueves, 13 de diciembre de 2012

A media semana



El valioso legado de
quienes luchan toda la vida / 2


El mes de diciembre es para Ana María y para mí un mes de claroscuros. Es imposible no tener presente los golpes recibidos y las duras y difíciles pruebas por las que hemos pasado juntos. A ello ya me he referido en más de una oportunidad. Como también me referí ya a las responsabilidades que me tocó asumir en diciembre de 1968, en diciembre de 1972 y el compromiso de ser parte de quienes el 29 de diciembre de 1996 suscribimos el Acuerdo de Paz Firme y Duradera. 

En la vida diaria se forjan amistades con compañeros y compañeras a quienes se estima, admira y respeta. Lo que no debe pasar es que se les olvide o, lo peor, que se deje que se les olvide.

No es necesariamente por coincidencia o identificación política y militante que tengo presentes a quienes voy a mencionar ahora. Algunos de ellos están entre nosotros y continúan en el diario y duro bregar a favor de nuestra emancipación nacional y social. Su legado es tan valioso como el de los que fueron capturados, torturados, asesinados y desaparecidos, tanto como el de quienes ya fallecieron y dedicaron su vida a luchar con nuestro pueblo. 

De algunos periodistas, mucho logré aprender: son de los que supieron hacer de su profesión un qué hacer informativo y de opinión. Corrieron riesgos y se expusieron al denunciar lo que merece ser denunciado. Lo hicieron a favor de la verdad, la libertad y la justicia social, en un tiempo en que la incomprensión, la intolerancia, la violencia, el terror, la represión y la contrainsurgencia era lo predominante.

Es lo que me parece que fue la labor de Ángel Ramírez en El Imparcial, las crónicas parlamentarias y lo escrito por Enrique Parrilla Barrascout, la audaz y siempre oportuna información, noticias y reportajes de Manuel González, el trabajo agudo y juicio crítico de René Augusto Flores, la atrevida y desafiante columna de Irma Flaquer, los comentarios, opiniones y denuncias radiales de Timoteo Curruchiche y el trabajo de camarógrafo en Cuestión de Minutos de quien familiarmente se le conoció como Manía y cuyas documentadas gráficas y secuencias informativas son de gran valor histórico. 

A quienes hayan conocido a Aquiles Marroquín y a Meme Salguero sabrán de su labor como dirigentes estudiantiles de post primaria en la época revolucionaria tanto como la de Carlos Guillermo Herrera y Otto René Castillo, Oscar Maldonado, del tan respetado Salomé Escobar, de Gloria Escribá, Amparo Santiago, Stella Quan o Rosby Chávez.

De los dirigentes estudiantiles y universitarios y destacados combatientes y militantes revolucionarios, hay que tener presente, entre otros, a Antonio Fernández Izaguirre, a Néstor Valle, a Leoni, a Libo Haroldo González, a Leonel Roldán, a Mario Botzoc, a Chano Payeras, a Carlos Toledo, a Meme Cordero. 

A dos mujeres, no se les puede dejar de mencionar: María Rodríguez y Aida María de Noval. Además, es indispensable tener presente a compañeras como Rosamina Ramírez, Julieta Sánchez, Julietía de Ampié, las hermanas Jiménez (Olga, ya fallecida, y Dina), Luz Haydé Méndez, como indispensable es tener presente a Rogelia Cruz.

Como estudiantes y destacados dirigentes en la Universidad de San Carlos, debo mencionar a Julio Rodríguez Aldana, Bernardo Lemus, Julio Segura, Carlos Enrique Centeno (con quien fuimos compañeros en el INCV), Alfonso Figueroa, a Mundo Guerra. Ya en el trabajo unitario, a Jorge Rosal, al Canche Montalvo y a Raúl Molina. Tengo presente y recuerdo muy bien a Carlitos de la Roca, a Carlos Estrada, a Víctor Manuel Escobar, a Roberto Oliva, fallecido cuando menos se esperaba, a Chaly Morales, a Edgar Morán. 

Aunque tengo algún tiempo de no verlos y no conversar con ellos, debo de mencionar a Rodolfo Azmitia, a Francisco Villagrán Muñoz, a Güicho Becker, a Mario René Matute. Con Américo Cifuentes y Antonio Móbil, conversamos frecuentemente.

De la facultad de Derecho, es imposible dejar de mencionar a Salvador Orozco, a Otoniel Fonseca, a Hugo Rolando Melgar, a Wilfredo Valenzuela, a Manolo Andrade Roca, a Santiago López, a Ariel Déleon. 

Es tan valioso su legado, que resulta irresponsable permitir que con el paso del tiempo se les vaya a olvidar. Resulta imposible, además, no tener presente a destacadas personalidades, maestros y pedagogos, dirigentes obreros honestos y probados y ejemplares combatientes, cuadros y dirigentes de la lucha armada y la lucha clandestina. (Continuará).

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