miércoles, 13 de noviembre de 2013

A media semana



No es uno; son tres, los que no encuentro

 
No se vaya a pensar que por lo que he estado publicando últimamente, he desatendido el seguimiento diario de la situación económica, política, social, institucional y gubernamental de nuestro país y lo que está aconteciendo en lo internacional. He continuado haciéndolo y ello me permite estar al día del acontecer nacional e internacional.

Dicho lo anterior, me permito recordar que la semana pasada decía que me había avocado a la tarea de encontrar uno de los más preciados libros que he leído y que, hasta hoy, no he podido localizar. En esta todavía no bien organizada búsqueda, me percaté que no es sólo uno sino tres los libros que no he podido encontrar.

Leyenda de amor, de Nazim Hikmet, es el principal; el segundo, El amante de Lady Chatterley, de D. H. Lawrence; y, de Gustave Flaubert, Madame Bovary, es el tercero. Mi propósito es releerlos y verificar si siguen teniendo el significado e importancia que les di la primera vez que los leí.

El de Nazim Hikmet, recuerdo haberlo leído muchas veces y que cada vez que lo hice sentí la grandeza, profundidad y significado de la tenacidad en todo aquél que se propone alcanzar lo que al principio le parece imposible y, al final, lo consigue. Es una de las obras de teatro más hermosas que he leído y cuyo ejemplar lo adquirí --posiblemente, en 1955--, en la entonces librería “Minerva” de la 5ª. Avenida y 13 calle de la zona 1.

La semana pasada hice referencia, además, a la recopilación de las columnas publicadas en 2008. Entre ellas encontré una que no quiero dejar de referir. Es la publicada el miércoles 7 de octubre con el título de Lugares memorables.

Decía entonces que hay lugares que son memorables, históricos, que se tienen presente, se recuerdan y, en algunos casos, fueron emblemáticos centros de trabajo, organización, movilización, lucha, unidad, elaboración y acción revolucionaria. Ya vendrá el momento en que se les pueda rescatar como parte del esfuerzo por la conservación de nuestra memoria histórica.

Uno de ellos, es la que fuera la sede de la dirección del Partido Guatemalteco del Trabajo, PGT, durante el gobierno del Presidente Árbenz Guzmán (1951-1954). Estaba situado en la 7ª. Calle “A” 2-35, zona 1. Fue clausurado después del 27 de junio de 1954.

Entre los otros cinco lugares a que me referí, hay que agregar el local de Alianza de la Juventud Democrática, AJD, ubicado en la Avenida Simeón Cañas, zona 2, así como, además, precisar --en tanto que está documentado-- que la Escuela “Jacobo Sánchez” se inauguró el 1 de septiembre de 1950 en el primer lugar público del PCG, situado en la Avenida Centro América entre 17 y 18 Calle, y que ese mismo mes fue clausurada por el gobierno del Presidente Arévalo y sus más de 50 estudiantes, encarcelados.

Respecta a la Escuela “Claridad”, su clausura ocurrió el 25 de enero de 1946. Había sido inaugurada en 1945. Para “justificar” su cierre, el entonces ministro de la Defensa, Coronel Francisco Javier Arana, argumentó que violaba el Artículo 32 de la Constitución de la República.

Y, en el 53 Aniversario del Alzamiento militar del 13 de Noviembre, corresponde destacar el significado y trascendencia histórica que tiene para nuestro país. En mi opinión, el legado de Turcios Lima, Yon Sosa y sus demás compañeros alzados en armas, marca un antes y un después en la lucha revolucionaria y popular en Guatemala.

viernes, 8 de noviembre de 2013



De lo que se dice y escribe

A finales de 2008, me avoqué a la quijotada de recopilar las columnas que escribí y publiqué aquí, en el Diario La Hora, durante aquél año. Tuve la osadía de reproducirlas y publicarlas en forma modesta (25 ejemplares, fotocopiados). 2008: año de la gran recesión, es el título que me atreví a ponerle.

Un ejemplar de aquella edición lo encontré en estos días en que me puse a buscar uno de los más preciados libros que he leído y que no apareció por ningún lado de esos tan desordenados anaqueles en que está la tendalada de textos que espero heredar a mis hijos para que sean quienes encarguen a alguien que los ordene y clasifique como corresponde y se debe de hacer.

Ante tan sorpresivo reencuentro, lo que hice fue ponerme a leer lo escrito y publicado hace cinco años. La conclusión que resultó de esa relectura es que, en general, son puntos de vista y opiniones que mantienen su vigencia y actualidad así como que, en algunos casos, sería suficiente con hacerle algunas correcciones de forma y, en otros, necesarias precisiones y actualizaciones para que ello sea así.

En mi osadía hasta se me ha ocurrido pensar que se podrían volver a publicar en tanto que en lo que allí se dice y opina, examina o analiza, expresa y expone es aplicable a lo que está aconteciendo ahora en tanto que nada ha cambiado, a no ser lo que tiende a estar peor, sobre todo, en lo económico, político, social, institucional y gubernamental.

Para la edición en referencia elaboré una introducción, a manera de presentación. Decía, en aquella oportunidad, que en las columnas publicadas desarrollaba y definía mi posición sobre las cuestiones más importantes de la situación nacional e internacional, sus rasgos y características principales. Decía, además, que un buen espacio estaba dedicado al examen de la problemática por la que atraviesa la izquierda guatemalteca, su dispersión y atomización así como a exponer un conjunto de ideas e iniciativas para tratar de salir de esa situación.

En esa dirección, constato que nada se ha avanzado, que todo sigue estando como estaba hace una década y que la dispersión y atomización persisten sin que se vislumbre un esfuerzo serio, sostenido y consistente para superar las dificultades y obstáculos que impiden que la unidad se restablezca.

A ese respecto considero oportuno retomar lo que expuse a lo largo de aquél año.

Decía que la gran tarea de la izquierda guatemalteca está en unirse alrededor del trabajo y los objetivos de la lucha revolucionaria, democrática, popular, social y progresista, multiétnica, pluricultural y miltilingüe. Es esta la vía institucional, según lo sostuve entonces y lo reafirmo ahora, para alcanzar la unidad de la Nación, la refundación del Estado, el desarrollo pleno del país y el respeto a nuestra independencia, soberanía y autodeterminación, la libertad y la democracia real, funcional y participativa,

Y, si en algo puedo insistir ahora con mayor énfasis, es que lo que primero uno debe asumir al momento de escribir y decidirse a publicar (en mi caso a través de estas columnas semanales) es ser sincero consigo mismo, hacerlo de acuerdo a como se piensa y por lo que se lucha.

Además, como en el oficio de escribir o exponer se puede incurrir en errores, imprecisiones e inexactitudes, lo único que cabe y honra es reconocerlo y corregir. Dicho en pocas palabras: lo que se dice y escribe, obliga, compromete.