miércoles, 16 de septiembre de 2009

A media semana

Íntegro, consecuente, leal
y creadoramente inspirado


El 11 de septiembre parece ser un día en que dolorosamente hay que registrar el fallecimiento de destacados revolucionarios, revolucionarios de verdad, consecuentes, leales, íntegros, ejemplares.

El 11 de septiembre de 1998 fallecía repentinamente el Comandante en Jefe del Ejército Guerrillero de los Pobres, EGP, y miembro de la Comandancia General de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca, URNG, compañero Rolando Morán. Hace 36 años, otro 11 de septiembre, en Chile, moría peleando en defensa de su gobierno socialista, el Presidente Salvador Allende.

El pasado sábado 12, el Buró Político del Partido Comunista de Cuba daba a conocer la dolorosa e impactante noticia del fallecimiento del Comandante de la Revolución, Juan Almeida Bosque, acaecida en la víspera, a las 11:30 de la noche.

Son múltiples y sentidas las muestras de pesar y solidaridad fraterna que el pueblo cubano, el gobierno revolucionario, el Partido Comunista, han estado recibiendo de parte de gobiernos, países, partidos, organizaciones, movimientos, personalidades y amigos de Cuba de todo el mundo. E impresionantes y emotivas las manifestaciones de pesar y homenaje que el pueblo cubano, a lo largo y ancho de la Mayor de las Antillas, le ha patentizado a tan insigne, probado e imbatible combatiente revolucionario cubano.

Y no podía ser de otra manera. El Comandante Almeida fue y seguirá siendo uno de los más queridos, respetados y admirados dirigentes de la Revolución Cubana, el Gobierno, el Partido, sus Fuerzas Armadas y el pueblo de Cuba.

El Comandante Almeida siempre estuvo al lado del dirigente histórico de la Revolución Cubana, Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, y del Presidente del Consejo de Estado y de Ministros de la República de Cuba, General de Ejército Raúl Castro Ruz. Durante toda su vida, dio probadas muestras de integridad, consecuencia y lealtad a la Revolución, a su Pueblo, y a su Partido.

Fue, además, un inspirado compositor de más de 300 canciones y autor de una docena de libros de inigualable valor histórico y testimonial. De esto, me enteré el sábado pasado. Que era un inspirado compositor, lo sabía de tiempo atrás.

El Comandante Almeida nació en La Habana el 17 de febrero de 1927, en el seno de un hogar humilde y numeroso. Fue obrero de la construcción. Sus padres le inculcaron acendrados sentimientos patrióticos que mantuvo por siempre. A partir del golpe de Estado de 1952, se incorporó decididamente a la lucha contra la tiranía.

Participó en el Asalto al Cuartel Moncada, estuvo preso en la entonces Isla de Pinos junto a los demás dirigentes y asaltantes que sobrevivieron al frustrado ataque a la segunda fortaleza de Batista. Se exiló en México. Fue parte de los expedicionarios del Granma, como uno de los tres jefes de pelotón, oficial fundador del Ejército Rebelde. El 6 de marzo de 1958 fundó el Tercer Frente Oriental del que fue su indiscutido e imbatible Comandante. El Tercer Frente Oriental Mario Muñoz Monroy llegó a abarcar un territorio de cerca de seis mil kilómetros cuadrados. Fue escenario de importantes combates como el de Puerto Moya, el de Melgarejo, y el de Hongolosongo.

Después del triunfo revolucionario del 1 de enero de 1959, se destacó como jefe militar y dirigente político a cargo de importantes y elevadas responsabilidades militares, políticas y de Estado.

En el oriente del país, en el cruce de los Baños, cabecera del municipio Tercer Frente, en plena Sierra Maestra, reposan desde ayer en el Mausoleo dedicado a los héroes y mártires del Frente Mario Muñoz Monroy los restos del Comandante Almeida.

Como muy bien lo dijo Guillermo Alvarado en su comentario leído la mañana del lunes en Radio Habana Cuba, el Comandante Almeida “ocupa, junto a Martí, a Julio Antonio Mella, a José Antonio Echeverría, a Camilo Cienfuegos, a Ernesto Guevara y muchos más, otra trinchera en esta batalla interminable por un mundo mejor.

“Ellos son como aquellas piedras miliares colocadas por los romanos a lo largo de sus carreteras para orientar a los caminantes y evitar que perdieran el rumbo.

“Por su valor, alegría, entrega y fidelidad en este inclaudicable revolucionario se hace completa realidad la sentencia martiana de que la muerte no es verdad, si se cumplió bien la obra de la vida”.

De los tres revolucionarios sucesivamente muertos un 11 de septiembre de 1973, un 11 de septiembre de 1998, y el recién pasado viernes 11, se puede afirmar, como lo dijera Miguel Ángel Asturias refiriéndose a Bolívar, que no mueren, cierran los ojos y se quedan velando.

De esa estirpe es el Comandante Juan Almeida Bosque.



RRR \ cgs

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