viernes, 29 de octubre de 2010

A media semana

La crisis del sistema, el modelo
y el poder


Durante los días que estuve fuera del país, se informó acerca de diversos acontecimientos ocurridos aquí y en el extranjero, en general, en forma parcial, sesgada y tendenciosa. Ninguna duda cabe que la información así presentada corresponde y expresa los diversos intereses económicos, políticos e institucionales que cada medio representa, defiende y sustenta.

En el caso de lo informado en los medios impresos salta a la vista, por un lado, lo enconado de las pugnas que tienen lugar entre las distintas facciones de la cúpula económica y empresarial y la gravedad de la crisis del sistema social, el modelo económico y el poder político; y, por el otro, las contradicciones no resueltas en lo social, económico e institucional y que en nada son ajenas a lo que expresan cada uno de los medios impresos, radiales y de televisión.

Por la lectura y sistematización de lo leído, es fácil advertir que no son pocos los riesgos que amenazan la situación en lo internacional y en nuestro país.

En lo internacional, el peligro principal está en la continuada contraofensiva de la ultraderecha estadounidense tanto en Estados Unidos como en varios países de nuestro Continente y el Caribe. El miércoles de la semana entrante ya se sabrá hasta donde habrá llegado el poder que vaya a tener el Tea Party en la Cámara de Representantes, en el Senado y en 37 gobernaturas como resultado de las votaciones del martes.

En el caso de Guatemala todo apunta a que la amenaza principal se da alrededor del rompimiento del orden constitucional y que conforme el tiempo avance, tenderá a ser la constante que irá definiendo el diario acontecer en su continuidad, desarrollo y contradicciones. Que ello vaya a suceder o no depende de varios factores. Unos, lo favorecen; otros, lo dificultan.

Entre los que lo favorecen está la ingobernabilidad e inestabilidad institucional. Es, en consecuencia, una posibilidad real y resultado, además, del deliberado propósito y desesperación así como consecuencia, a la vez, de los intereses en pugna y contradicciones al interior de las distintas facciones del poder económico y empresarial y que puede llevar a que una o más de una de ellas intente una asonada a la ecuatoriana o se decida por el golpe a la hondureña.

La oligarquía y el empresariado en Guatemala no ha dejado ser la élite jurásica que con el apoyo de la jerarquía católica y el patrocinio de la CIA estadounidense fraguó y fue partícipe de la intervención extranjera a nuestro país y la instauración de la violencia organizada a partir de junio de 1954. Enseguida, promovió, avaló y es responsable de la imposición fraudulenta de los gobiernos militares de fuerza y la contrainsurgencia como política de Estado, luego del golpe militar de 1963. Veinte y tres años después, institucionalizó el desbarajuste y anarquización predominante hasta hoy.

Tengo en cuenta y considero oportuno recordar que a diez años de la renuncia del presidente Arbenz, en un estudio del departamento de Estado se consideraba a los latifundistas y terratenientes en Guatemala como lo más reaccionario, conservador y atrasado de las oligarquías latifundistas y terratenientes del Continente y mucho más reaccionarios, conservadores y atrasados que los oligarcas que en 1964 depusieron al presidente Joao Goulart mediante un golpe militar.

Y si algo confirma con todas sus letras lo ya dicho, basta y sobra con leer la entrevista publicada en elPeriódico el jueves pasado y en la que sin tapujos se llama a la hondureñización del país. En ese marco, octubre de 2010 viene a ser como un detonante más de una situación que tiene mucho parecido a la de mayo de 2009 y a la de mayo de 2003 con sus diferencias y características de cada momento, situación, circunstancias y condiciones.

Se está, en consecuencia, en una encrucijada, una encrucijada propia de las crisis por agotamiento y caducidad del sistema social impuesto, el modelo económico neoliberal adoptado y el régimen político institucionalizado y cuyas contradicciones no se van a solventar y, menos, superar con paliativos o tratando de forzar a que el país retroceda a los peores años del pasado reciente.

En mayo de 2009 todavía se estaba a tiempo de rectificar el rumbo, hacer un alto en el camino e intentar superar la crisis. No fue así.

De aquí a abril, quizá todavía haya tiempo y se logre abrir el espacio que permita, seriamente y a fondo, explorar y concertar la vía y las formas para encontrarle la solución a la crisis y que arranca a partir de sentar las bases para salir de este ya tan inaguantable atolladero en que se está y que a quien más perjudica, golpea y afecta es a la mayoría de la población. Después, dudo que vaya a ser posible.

viernes, 27 de agosto de 2010

A media semana

Dos mil 721días de guerra,
y una ocupación que no termina


No quiero empezar a abordar el tema motivo de mi columna de hoy, sin referirme a un rasgo muy particular del momento actual en nuestro país y que es algo común y recurrente a partir de junio de 1954. Ese muy particular rasgo del momento se puede definir diciendo que si ayer las cosas no andaban bien, ahora, andan mal y, mañana, van a estar peor.

De una situación así descrita, todos, absolutamente todos, somos responsables. Lo más cómodo es culpar a terceros de lo que no está bien, de lo que anda mal o de lo que tiende a empeorar. Lo que no se dijo a tiempo o no se quiso decir tanto como lo que no se hizo bien o se dejó de hacer, son como los eslabones de la cadena a que permanecen atados los pusilánimes y conformistas o los reguiletes que alborotan y alebrestan a los iracundos y resentidos.

A un país se le alborota cuando se le pone al borde del desorden, del tumulto, de la asonada, del motín. Entre la población cunde el pánico, el sobresalto, la inquietud, la zozobra. El rumor, la noticia tendenciosa, la mentira, especialmente la política, es lo predominante.

El escritor irlandés, Jonathan Swift (1667 – 1745), en un breve opúsculo publicado --según unos en 1773 y según otros en 1712-- con el título de El arte de la mentira política, definió la mentira política como “el arte de hacer creer al pueblo falsedades saludables a buen fin…Que la mentira política tenga un ‘buen fin’ no quiere decir que propenda a algo intrínsecamente bueno sino que satisfaga los deseos de quienes, por profesión, se dedican a este sutil arte…”. (Alberto Piris, Arte y práctica de la mentira política, República de las ideas, en Rebelión, 14 de agosto de 2010). Swift, es el autor del clásico Los viajes de Gulliver.

De acuerdo a Piris, “para un lector de hoy, no deja de ser significativa la alusión que el autor hace a la guerra, como actividad política muy apta para generar mentiras: ‘Sin un gran número de esas falsedades saludables --opina Swift-- no habríamos alimentado tanto tiempo de guerra’”. Esas “falsedades saludables” son las que convienen a los propósitos de los señores de la guerra, del complejo militar industrial y de las clases gobernantes de las grandes potencias en un mundo unipolar como el actual.

Las “falsedades saludables” a las que se refiere Swift son en las que se montan las “justificaciones” de la guerra total contra el terrorismo a partir de los atentados del 11 de septiembre de 2002 contra las Torres Gemelas en Nueva York y en las que se embarca el señor George W. Bush en su guerra de ocupación y conquista contra Afganistán, primero, y contra Irak, después. De la guerra de ocupación a Irak, paso a referirme a algunas --muy pocas, por cierto--, cuestiones principales, reveladoras e ilustrativas.

La semana pasada, los despachos de prensa informaron de la discreta retirada --por razones de seguridad, aseguró el Pentágono--, del último convoy de asalto estadounidense de Irak. Se hacía referencia, además, a que permanecerían en Irak 56 mil soldados con la misión de “continuar con el adiestramiento de las tropas iraquíes y participar en las operaciones que les soliciten”. El departamento de Estado, por su parte, prevé que contratistas privados envíen 7 mil mercenarios para el apoyo, resguardo y seguridad de sus instalaciones en territorio iraquí.

Como se recordará, esta guerra de ocupación y conquista comenzó con los bombardeos del 20 de marzo de 2003 a Bagdad. Las armas de destrucción masiva tras las que iban las tropas invasoras nunca aparecieron. Lo que sí consiguieron fue derrocar a Sadam Hussein, capturarlo y encarcelarlo. Lo ahorcaron después de un juicio con excesos e irregularidades jurídicas en que se puede incurrir en un país ocupado. Según dos abogados del Foreign Office, la invasión a Irak fue ilegal.

El entonces presidente estadounidense, George W. Bush, en una exaltada manifestación de triunfalismo y obcecación, a bordo del portaaviones Abraham Lincoln a “apenas mes y medio del comienzo” de la ocupación de Irak, dio por terminada “exitosamente” semejante aventura bélica. Ni fue cierto lo anunciado entonces, como tampoco lo es que la ocupación yanqui vaya a terminar a partir del 1 de septiembre.

En cuanto a costos humanos, en Irak hay actualmente tres millones de viudas y cinco millones de desplazados. Desde que principió la guerra han muerto alrededor de 100 mil civiles. Según datos oficiales, la guerra contra Irak le “ha costado la vida a 4 mil 400 miembros del ejército estadounidense y la de decenas de miles de iraquíes”, así como de varios cientos de soldados de otras nacionalidades. Las cifras de heridos entre los ocupantes, son cuantiosas.

La guerra contra Irak, al próximo martes 31 habrá durado siete años, cinco meses y 11 días. Sin embargo, la ocupación extranjera continuará y, en consecuencia, la resistencia de los iraquíes, también.

jueves, 19 de agosto de 2010

A media semana

En defensa de la humanidad


Carta abierta a los estadounidenses
que luchan contra la guerra


El actual presidente de Estados Unidos de Norteamérica, señor Barack Obama, nació el 4 de agosto de 1961. Mi país, Guatemala, era gobernado por el general Miguel Ydígoras Fuentes; Estados Unidos, por John F. Kennedy. Siete años atrás, John Foster Dulles, secretario de Estado y accionista de la United Fruit Company (UFCO), y su hermano, Allen Welsh Dulles, director de la CIA y abogado de la UFCO, fraguaron y financiaron un golpe de Estado contra el gobierno legítimo de Guatemala.

Con la complicidad de un puñado de militares traidores del Ejército guatemalteco, el apoyo de los terratenientes semifeudales de la época, la jerarquía católica y el furibundo anticomunismo local, centroamericano y del Caribe, el 27 de junio de 1954 fue depuesto el presidente Jacobo Arbenz Guzmán, electo democrática y popularmente en diciembre de 1950. Se interrumpió así, violentamente, el más avanzado proceso revolucionario, democrático y progresista de nuestra historia. Las consecuencias de la intervención extranjera las seguimos padeciendo los guatemaltecos hasta hoy.

De aquella sucia operación, muchos estadounidenses de ahora quizás nada sepan o tengan muy poca información y conocimiento. Si así fuera, lo cual no lo deseo, la mejor documentación de que se dispone está recogida en La fruta amarga, la CIA en Guatemala de Stephen Schlesinger y Stephen Kinzer, así como en Operación PBSuccess de Nicholas Cullather. En la Gloriosa Victoria, Diego Rivera retrata vivamente la semblanza siniestra de quienes planearon y llevaron a cabo infamia semejante.

La responsabilidad de la intervención corresponde por entero a la administración republicana gobernante. Al pueblo estadounidense lo liberó de toda responsabilidad la generación de entonces. Cuando la intervención estaba en marcha, tuvo lugar en el Madison Square Garden un histórico mitin de solidaridad con nuestro pueblo. Sus participantes desaprobaron la intervención extranjera a mi país e internacionalista y emocionadamente corearon vivas a Paul Robeson cuando entonó algunas de las más hermosas estrofas de nuestro himno patrio.

Por haber sido una decisión acordada en la Casa Blanca por el general Dwight D. Eisenhower y su vicepresidente, Richard M. Nixon, no les será difícil comprender y medir los alcances que tiene para un pueblo y un país como el de ustedes, semejante afrenta a un país y a un pueblo como el guatemalteco.

La esplendorosa esperanza que emerge en la madrugada del 20 de octubre de 1944, no ha sido truncada ni rota y, menos, destrozada. Sigue viva en el corazón, en la mente y en la lucha diaria de la mayoría de nosotros, los guatemaltecos. Continúa vigente y llegará el día en que, de acuerdo a la situación y condiciones, rasgos y características de nuestra época, habrá de resurgir con más fuerza y proyección. Será el reencuentro social y popular en el camino a seguir para alcanzar nuestra verdadera independencia y nuestra real e irrenunciable emancipación.

Pero no es sólo esto lo que quería referirles. Antes y después de 1954, varios gobernantes estadounidenses --demócratas como republicanos--, han urdido las peores patrañas, mentiras y provocaciones a fin de “justificar” sus guerras de agresión y ocupación a otros pueblos y países.

Es lo que ocurrió en Corea y en Vietnam, en donde fueron humillantemente derrotados. Es lo que han intentado por más de 50 años contra Cuba y también han sido derrotados. Ocurrió, también, contra Panamá, Granada, la República Dominicana y Haití. Ya lo hicieron contra Irak y es allí donde actualmente libran una guerra que ya perdieron. Lo mismo pasa en Afganistán después de ocho años de derrota tras derrota.

En el momento actual, la amenaza mayor que se cierne sobre la humanidad es que el gobernante estadounidense, señor Barack Obama, se decida a desencadenar una guerra nuclear contra Irán o contra la República Democrática Popular de Corea.

A quienes estamos por la paz y en defensa de la humanidad, nos corresponde unirnos para salirle al paso a tan siniestros y destructores planes. Desde cualquier trinchera en que nos encontremos, no hay compromiso mayor que adherirnos a la campaña mundial dirigida a solicitar del mandatario estadounidense que no vaya a dar la orden de atacar con armas nucleares a Irán o a Corea Democrática y Popular.

A ustedes, hombres, mujeres, jóvenes, adultos y ancianos estadounidenses, fervientes, decididos y convencidos luchadores por la paz, corresponde, igualmente, la tarea histórica de contribuir a que esto no llegue a suceder y solicitar al presidente Obama que no vaya a desencadenar una guerra nuclear. Ello significaría acabar de un plumazo con todo lo logrado por valiosos y dedicados hombres y mujeres a la largo de la historia.
A la espera de que en Estados Unidos haya alguien que lea la presente, a través de la misma y ante ustedes, dejo constancia de mi adhesión a esta humanitaria campaña mundial. Atenta, amistosa y solidariamente.

Ricardo Rosales Román/Carlos Gonzáles

jueves, 12 de agosto de 2010

A media semana

¿Podrá llegar el día en que las cosas
dejen de estar cada vez peor?



Esta pregunta me la hice en 1986. Y, situándome más en el pasado, ya me la había hecho después del viernes 26 de julio de 1957. Con el magnicidio ocurrido aquella noche en Casa Presidencial, no se puso fin al régimen castilloarmista. Al contrario, el país continuó hundiéndose en la crisis por agotamiento y caducidad del sistema social, económico y político impuesto. Yéndose un poco más atrás, esa pregunta fue obligada hacérsela desde el momento mismo de la consumación de la intervención yanqui a nuestro país, aquél aciago 27 de junio de 1954.

Dicho brevemente: las cosas tienden a estar cada vez peor, y no hay modo que se puedan cambiar. De lo que ahora estoy más convencido que antes es que nunca será tarde para hacerlo y sí impostergable para que los acontecimientos no nos vayan a rebasar como sucedió en mayo de 1993 y estuvo a punto de ocurrir en mayo del año pasado.

En 1993 y en el 2009, hubo quienes estuvieron interesados (y lo siguen estando) en que las cosas marchen en esa dirección. Y no se trata de reales o supuestas conspiraciones. En una situación como en la que está el país, las condiciones son propicias para ello, y es así porque quienes son responsables de que esto pueda ocurrir y quienes tratan de forzar que ello vaya a suceder están, cada quien por su lado, creando o valiéndose de la situación y condiciones para que ocurra.

La polarización de la sociedad que tanto se comenta en los medios no es otra cosa que la sorda pugna de intereses por el control del manejo de la cosa pública y el poder político. Se trata de la lucha entre dos o más sectores --aparentemente irreconciliables-- por el reparto de privilegios y por lograr que en los cargos de importancia institucional estén quienes mejor sirvan a sus intereses.

Esto se puede advertir en lo que se discute en la actual legislatura en materia presupuestaria y en lo referente a los fondos para la reconstrucción después del paso de la tormenta Ágata y lo del Pacaya, así como las secuelas que aún quedan del Mitch y del Stan. Es lo que sucedió, además, en el seno de las comisiones de postulación para la elección de magistrados de la Corte Suprema de Justicia y Salas de Apelaciones.

Ya uno se puede imaginar lo que habrá de ocurrir con la elección del Fiscal General de la República y al momento de decidir a quién corresponderá estar a cargo de la Contraloría General de Cuentas (CGC) así como de los que habrán de ocupar las cómodas poltronas de la Corte de Constitucionalidad (CC). Quien estuvo a cargo de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) hasta hace poco, no es ajeno a esa rebatiña.

Desde luego que no es sólo esto lo que está en el fondo de la crisis. Sin embargo, es en estas pugnas en que se pone más de manifiesto y en torno a lo que giran los intereses de los distintos grupos de poder y las estructuras paralelas que en realidad están detrás de lo que está sucediendo. Las caras y figuras visibles puede que no sean las mismas del pasado, pero los intereses sí que siguen siendo los mismos.

Salvaguardar la institucionalidad en nuestro país supone, en primer lugar, no prestarse al juego de quienes han corrompido la labor gubernamental, se han puesto de espaldas al pueblo, enriquecido a manos llenas e ilícitamente y no han sido denunciados y procesados o de a quienes interesa copiar al carbón lo que sucedió y sigue pasando en Honduras. Salvaguardar la institucionalidad supone, además, luchar por cambiar lo que anda mal, fortalecer lo que haya sido bien hecho (que casi no es nada) y avanzar a una etapa superior de desarrollo, avance y progreso.

En lo internacional la amenaza de una guerra nuclear en el Cercano y el Lejano Oriente o en la península coreana, aunque aún persiste, puede ser evitada. Así lo expresó el sábado el máximo dirigente de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, ante la Asamblea del Poder Popular y se los reiteró a cuatro periodistas venezolanos con quienes se entrevistó el día siguiente.

El momento es propicio para adherirse al llamamiento a dirigírsele al presidente de Estados Unidos, señor Barack Obama, a fin de que asuma la decisión --que sólo a él corresponde-- de no desencadenar semejante hecatombe.

Las armas nucleares no hacen distinción de clase ni posición política o ideológica, situación económica o social. Acaban por igual con quienes tienen acumuladas cuantiosas fortunas como a quienes nada tienen. El desastre que se podría ocasionar con esta otra guerra sería infinitamente superior al ocasionado hace 65 años en Hiroshima y Nagazaki. De ahí la trascendencia de contribuir a salvar a la humanidad de una catástrofe de tal magnitud.

A estas alturas de la vida me pregunto, una vez más, si es que podrá llegar el día en que las cosas dejen de estar cada vez peor. Un examen crítico y autocrítico es el ejercicio obligado a fin de encontrar el camino a seguir para emprender los cambios estructurales que el país necesita y lograr que llegue ese día que anuncie un nuevo amanecer.

jueves, 22 de julio de 2010

A media semana

Madiba, la luz de su pueblo

En medio de la incontrolada escalada de violencia que desangra a nuestro país y mantiene a la población aterrorizada, al borde de la desesperación, el paroxismo y en el más abrumador de los desconciertos, es lógico --mas no por ello explicable ni justificado-- que se dejen de lado importantes acontecimientos que tuvieron o están teniendo lugar en otras partes del mundo. Me referiré a uno sólo de ellos.

Previamente debo decir que sería una irresponsabilidad dejar de consignar lo acontecido este fin de semana en diferentes lugares del país. El recién pasado fin de semana fueron asesinadas 60 personas y entre tan apabullante noticia, lo impensable: dos masacres de dos familias, una, ocurrida en Ciudad Quetzal, San Juan Sacatepéquez, departamento de Guatemala; y, la otra, en la aldea San Antonio, en el norteño departamento de Petén, con un saldo de 11 fallecidos por armas de fuego, entre ellos, seis niños y tres adolescentes, y cuatro heridos, uno de ellos de apenas tres meses.

La espeluznante cifra de 60 personas asesinadas en un fin de semana pone de manifiesto, por una parte, que la seguridad ciudadana constituye el eslabón más débil del gobierno actual y, por la otra, que el control de la delincuencia común y el crimen organizado sobrepasa su capacidad de prevención y combate.

Parecería una crónica de ficción, pero no lo es. De las 31 muertes ocurridas el sábado, 22 fueron por armas de fuego, dos por arma blanca y cuatro por golpes contundentes. Según Prensa Libre de ayer, las víctimas fueron 17 hombres y cinco mujeres. De las 29 personas ultimadas el domingo (17 hombres y 12 mujeres), 23 fueron a balazos, cinco por arma blanca y una por golpes.

La diaria matazón de guatemaltecos y guatemaltecas en un país como el nuestro así como aterroriza a la población, deshumaniza y enferma a ejecutores y sicarios y a quienes la ordenan y que son los que en verdad están detrás de tanto crimen y atrocidad. La muerte de cualquier ciudadano es reducida a una estadística más y así queda registrado en los partes policíacos. De los parientes de las víctimas, nadie se ocupa. Son ellos los únicos que sufren su pesar y el peor de los desamparos, abandono y orfandad.

La delincuencia común y el crimen organizado no se previenen ni combaten asesinando a quienes se supone responsables y partícipes de tanta atrocidad y salvajismo. Lo que también es cierto es que semejantes crímenes y atrocidades ponen al descubierto hasta dónde se puede llegar cuando lo que predomina es el egoísmo, la codicia, la avaricia, la usura, la abismal desigualdad económico-social, la falta de oportunidades, los privilegios para unos cuantos y la exclusión y marginación de la gran mayoría, la corrupción y el tráfico de influencias y que, en concreto, constituyen unas de las manifestaciones de una sociedad en descomposición y cuya causa principal es de carácter estructural. Sobre esto, hasta aquí.

En cuanto al más importante acontecimiento de estos días, es bueno y necesario referir que este domingo se celebró en todo el mundo --menos aquí-- el 92 aniversario del natalicio de uno de los más grandes hombres de nuestra era. Me estoy refiriendo a Rolinlala Dalibhuna Mandela, Nelson Mandela, nacido el 18 de julio de 1918 en la pequeña aldea de Umtata, Sudáfrica.

Nelson Mandela, en opinión del articulista cubano Jorge L. Rodríguez González, “Pudo haberse convertido en jefe de una tribu de los thembus, de la etnia xhosa. Su árbol genealógico lo predestinaba. Pero en su cabeza de niño daban vueltas los relatos de los ancianos sobre ‘los buenos tiempos, antes de la llegada del hombre blanco’, cuando reinaba la paz y todo respiraba en equilibrio y armonía.

“Ante sus ojos, los viejos sabios de barbas… también contaban historias de resistencia y lucha de aquellos… que conformaron el orgullo del pueblo sudafricano”. Fue en estas charlas, en las que comenzó a “cocinarse’ su posición política…

“He dedicado toda mi vida a la lucha del pueblo sudafricano, dijo en uno de sus alegatos ante sus carceleros y juzgadores. He soñado con el ideal de una sociedad libre y democrática. Es un ideal por el que espero vivir. Pero también es un ideal por el que estoy dispuesto a morir. Veintisiete años estuvo en prisión sin claudicar”. (Juventud Rebelde, 18 de julio de 2010).

Con el correr de los años Nelson Mandela habría de llegar a ser el abanderado y combatiente victorioso de la lucha por la igualdad y la justicia social en su país, en África y en el mundo entero: Madiba, el Tata, el Abuelo, la Luz de su pueblo. Según lo recuerda Jorge Risquet Valdés, en el acto del 26 de julio de 1991, el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, en presencia de tan prestigioso y respetado líder, dijo: “Si se quiere tener un ejemplo de un hombre absolutamente íntegro… Si se quiere tener un ejemplo de un hombre inconmoviblemente firme, valiente, heroico, sereno, inteligente, capaz, ese ejemplo y ese hombre es Mandela”.

jueves, 15 de julio de 2010

A media semana

La paz en el Oriente Medio depende
de un hilo... muy tenue


Como era de esperarse, el gran final del Mundial de Fútbol, Sudáfrica 2010, cuya Copa la ganó España a una Holanda que, como dijo Cruyff, jugó “feo”, ocupó los principales titulares de la prensa local y de los noticieros de radio y de televisión del lunes. Se relegó a un segundo plano, la noticia dada a conocer por CubaDebate, la mañana del domingo, sobre la visita que realizó el líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, al Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNIC) el miércoles de la semana pasada.

Salvo Prensa Libre cuyo despacho de EFE, un tanto sesgado y tendencioso, lo reprodujo ampliamente e ilustró con una fotografía a color, ni elPeriódico ni Siglo XXI ni La Hora, le dieron el espacio que merecía la noticia en sus secciones de información internacional. elPeriódico le dio mayor espacio al inicio de los trámites migratorios por parte de los disidentes y sus familiares y en una nota de apenas cuatro líneas, consideró la visita al CNIC como “inusual” (12 de julio de 2010). La Hora, por su parte, dedicó tres cuartas partes de página a noticiar que once presos políticos cubanos partirían el lunes al exilio en España (AFP, fechado en La Habana). En cuanto a la visita del miércoles, muy resumidamente, refirió que Fidel Castro apareció en público en visita a un centro científico.

Ese mismo lunes, por la mañana, se publicaron las más recientes Reflexiones del compañero Fidel en las que, bajo el título El origen de las guerras (Granma, 12 de julio de 2010) retoma y enriquece las ocho anteriores y en las que viene ocupándose de tan delicada y grave situación y de la que depende la paz mundial. Se supo, además, que el compañero Fidel comparecería al programa radial y televisivo de la tarde, Mesa Redonda, para abordar el tema.

La comparecencia del Comandante en Jefe de la Revolución Cubana duró, aproximadamente, 55 minutos. Estaba detrás de un escritorio de trabajo. Lució saludable y lúcido, recordando nombres y lugares con familiaridad y fluidez. Proporcionó abundante información, cifras, opiniones y datos de los que en nuestro medio nada se comenta ni informa. Con sobrado fundamento, llamó la atención sobre lo que significaría para aquella región y para los demás países del mundo si EEUU e Israel desencadenaran una guerra termonuclear contra Irán.

Refirió lo enorme que es el “arsenal de que disponen las principales potencias nucleares, encabezadas por Estados Unidos”. En cuanto al gasto militar total de que dispuso Washington en 2009, puntualizó que ascendió a 1 mil 531,000 millones de dólares, lo que representó “un incremento del 49 por ciento respecto al del año 2000”. Lo mismo sucede, dijo, con sus gastos militares. De 316,000 millones de que dispuso el Pentágono en el 2001, en 2010 ascendió a 565,000 millones, lo que significa un incremento de 2.16 veces. Los gastos militares de EEUU, expresó, son superiores a los de todos los demás países juntos.

A su vez, dijo que Estados Unidos tiene 2,002 ojivas estratégicas y 500 no estratégicas y que Rusia, por su parte, dispone de 2,787 estratégicas y 2047 no estratégicas. Aseguró, además, que entre todas las potencias nucleares, suman unas 20,000 armas nucleares” de donde resulta “risible, expresó, el pretexto que han utilizado contra Irán”.

También se refirió a que si los agresores estadounidenses e israelíes piensan que en Irán no van a encontrar ninguna resistencia, están equivocados. Los iraníes, dijo Fidel, “llevan 30 años preparándose…, los aviones que han podido comprar, los compraron. Tienen armas rusas. El Ejército tiene también sus fuerzas, de aire, mar y tierra. La Marina tiene sus fuerzas, de aire, mar y tierra... Los Guardianes de la Revolución, tienen más de un millón de soldados. Y, agregó, son 20 millones de musulmanes chiítas. ¿Quién va a simpatizar con ese enemigo que lo quiere destruir todo y lo declara, además?”, se preguntó.

Lo que sobre el tema se informa y publica en los medios de ayer del país no es lo sustancial y de fondo o, bien, se silencia. Y si se publica es lo que interesa y conviene a sus propietarios, directores, editores y redactores, lo que desinforma y distrae la atención de lo principal. No se publica lo que interesa y requiere el lector, radioescucha o televidente acucioso e interesado en estar bien, libre y ampliamente informado.

Stella Calloni, en su ensayo Irán rodeado y América Latina en la mira, sostiene que “en cuanto al silencio imperial y sus colonizados medios sobre estos sucesos también amenaza al mundo entero”. (CubaDebate, 10 de julio de 2010).

En suma, los peligros de una guerra más persisten y, tal como lo destaca Gerardo Arriola, corresponsal de LaJornada en La Habana, en su despacho de ayer, el Comandante aseguró que se está “jugando con fuego”. Subraya, además, que “habló con la claridad que se le conocía antes de su crisis de salud”.

Y, según escuché en horas de la mañana de hoy, a medio día de ayer el compañero Fidel visitó el Centro de Investigaciones de la Economía Mundial, en ciudad de La Habana, y sostuvo un interesantísimo encuentro con sus científicos y funcionarios (RHC, Despertar con Cuba, 14 de julio, 2010).

lunes, 12 de julio de 2010

A media semana

Un momento extremadamente
tenso y peligroso


La para muchos tan mercantilizada, mediática y distractora, así como para no pocos atrayente, angustiosa y alienante Copa Mundial de Fútbol que está realizándose en la Patria del indoblegable luchador contra el apartheid y resuelto independentista, Nelson Mandela, ha silenciado --a nivel de noticia y opinión, en los medios del país-- el peligro de un inminente conflicto bélico nuclear de inimaginables consecuencias en el Medio Oriente y que nos amenaza y afectaría a todos. Esto, por un lado.

Por el otro, la convulsionada y tensa situación que en lo institucional se agrava aún más luego de la erupción del volcán de Pacaya y el paso de Ágatha, ha dejado de lado --igualmente, a nivel de noticia y opinión, en los medios del país-- el extremadamente peligroso y amenazante momento por el que se está atravesando en lo internacional. Esto no es de extrañar. Lo excepcional sería que en los medios nacionales se reprodujeran los despachos y opiniones dadas a conocer y se comentara lo que en otros países se publica al respecto y que permite advertir la gravedad y tensión del momento.

El Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, lo viene advirtiendo con fundamentada razón, suficientes y comprobables elementos de juicio e inobjetable información y opinión. En ocho de sus más recientes Reflexiones se refiere a ello. Como es fácil advertir, en un espacio como el que tengo asignado para esta columna es imposible resumir lo fundamental del pensamiento, información y opinión contenida en tan importante documentación.

Sin embargo, a los lectores que toleran o respetan mi modo de pensar y proceder, así como lo que comento y sostengo en este espacio de opinión y que estuvieran interesados en conocer el texto completo de tan interesantes Reflexiones, me las podrán solicitar al momento de que disponga de una nueva dirección electrónica ya que la que venía utilizando hasta el pasado viernes 18 está temporalmente inhabilitada. En su momento, la daré a conocer por este medio.

Ojalá también pudieran tener algún interés los iracundos e intransigentes lectores que a través de sus correos que envían a La Hora nada quieren saber de mi manera de pensar y de mi trayectoria política de la que no reniego sino reafirmo con cada línea que escribo y con mi labor diaria a favor del esclarecimiento y enriquecimiento de las cuestiones fundamentales de la teoría y la práctica revolucionaria.

A la intransigencia e intolerancia de quienes parecen secundar o servir de caja de resonancia a la derecha conservadora, neoliberal y jurásica hay que agregar la labor desorientadora y de distracción de los neo y libre e “independientes” pensadores, analistas y columnistas de opinión, algunos de ellos otrora militantes de izquierda, radicales e intransigentes de palabra y, en la práctica, dogmáticos, burocráticos y conservadores, y de lo que ahora no se recuerdan, olvidan o por conveniencia o acomodamiento esconden o abjuran.

Unos y otros, deberían saber que el momento no está para centrar la atención en lo secundario sino ocuparse de lo principal así como dejar de tergiversar, silenciar o ignorar lo que se debe informar y sobre lo que hay que opinar, tanto en lo nacional como en lo internacional.

Si bien es cierto que la tensión y tirantez es menos grave en la península coreana que en días pasados, no por ello deja de ser delicada y peligrosa.

Es en el Golfo Pérsico, el Estrecho de Ormuz y las aguas marítimas y costas de Irán hacia donde la amenaza nuclear estadounidense e israelí pone al mundo al borde de una “catastrófica guerra nuclear que en brevísimo tiempo estallará”, según lo advierte el máximo líder de la Revolución Cubana en sus Reflexiones publicadas el lunes.

El peligro es aún mayor si se tiene en cuenta que la Casa Blanca, los militares del Pentágono y sus aliados están empantanados en su guerra contra Irak y lo que se vislumbra en Afganistán es una humillante derrota política y militar de las tropas invasoras jefeadas ahora por el general David Petraeus.

Abrirse un frente más de guerra en Irán, en el Suroeste de Asia, entre el mar Caspio y el golfo Pérsico, no es una señal de fortaleza del imperialismo estadounidense sino de desesperación y aventurerismo, debilidad y aislamiento y del fracaso de su diplomacia y política exterior.

La insensatez, agresividad, aventurerismo y prepotencia del imperio y sus aliados en Israel, es lo que hay que desbaratar a fin de salvar a la Humanidad de esa hecatombe nuclear cuyas inimaginables y nefastas consecuencias --repito e insisto-- nos afectarían a todos.

En tales condiciones, el desenlace de la Copa Mundial de Fútbol 2010 ya no tendría significación e importancia para quienes la hayan seguido día a día tanto como para quienes están decepcionados por lo que ya pasó con Brasil y la humillante derrota sufrida por Argentina. Uruguay, el día de ayer, peleó hasta el último momento frente a un rival que se impuso en forma impecable. A esta hora ya se sabrá quién enfrentará a esa impresionante Naranja Mecánica en la gran final del domingo.